Travesías del Tren Roca (1)

Travesías del Tren Roca (1)

Era lunes, principios del mes de marzo. La fecha coincidió justo con el retorno a clases luego de vacaciones de verano, y con un día en el que, quizás por ser inicio de semana, todo el mundo parece haber elegido para salir a hacer diligencias.

Comenzó la travesía

Poco antes de las 7, el Tren Roca de Argentina hizo su acostumbrada parada en la estación Lanús. Ante el tumulto de gente en aquellos vagones, pensé en no abordarlo. Pero, de repente fui sorprendida por el anuncio de la operadora del tren que anunció «Estás en la Estación Gerli«. Fue en ese momento cuando me percaté que los empujones me habían hecho acelerar el paso y entrar al tren, sin ni siquiera darme cuenta.

Interior de un vagón del Tren Roca abarrotado de gente
Unos 173 millones de pasajeros se movilizaron en el 2018 por el Tren Roca

Nunca pensé que pudiera tener la elasticidad de un ratón o un gato, hasta que los pasajeros (al parecer acostumbrados) lograron pegarme el estómago con las costillas y convertirme en una especie de aguja.

¿ Y mi hijo?

Con dificultad para respirar y sintiendo que me desvanecía en aquel ferrocarril, quise ubicar a mi hijo, a quien la última vez que vi fue antes de embarcar. Tras mirar al frente sólo percibí la cabellera negra, cubierta de algunas canas, de aquella mujer a la que más adelante terminé saboreándole el cabello. Mientras tanto, a mi lado derecho apenas podía ver de reojo aquel señor, también aplastado, del que espera un beso en cualquier momento. Sin embargo, de quien sentía podía quedar en embarazo, era del caballero de atrás. A él era imposible verle la cara, pero sí lo sentía más cerca de mi, cada vez que se abría aquella bendita puerta por la que deseaba irme corriendo, pero por donde prácticamente no salía nadie, sino sólo entraban otros desesperados viajeros, quienes me llevaban más al interior de uno de los vagones en los que se trasladaron unos 173 millones de pasajeros en el 2018.

Mi inmovilidad, por la marea humana, impidió que viera hacia la izquierda, pero el mal olor de ese brazo sujetado a uno de los tubos, para no tambalearse, me aseguraba que no se trataba de Alejandro. Lo demás que alcanzaba mi vista, era a ver más cabezas que parecían venir con auriculares incorporados, brazos alzados, camperas que tapizaban los alrededores y mochilas que servían de escudos ante tanto atropello… Aún así, a lo lejos pude visualizar a mi hijo, quien parecía iba como en un segundo piso, pues su altura se lo permite, y eso me sirvió para asegurarme que también había sido introducido en aquel lugar, pero que por su tamaño estaba sufriendo un poco menos que yo.

El quilombo mayor

Mi película tuvo hasta publicidad en aquel momento cuando un efectivo de seguridad, quien viajaba de civil, en un ataque de desesperación comenzó vociferar el hurto de su billetera, la cual pretendía recuperar cuando comenzó a requisar a todo el que estaba enlatado a su alrededor, por lo que se armó el quilombo mayor.

Para los pasajeros es más rápido y económico este transporte

Aunque el viaje se hizo una eternidad, llegué fatigada al destino y pude comparar la diferencia entre viajar en tren cuando sales un domingo a pasear a cuando es tu medio de transporte diario para ir al trabajo. Todo es cuestión de costumbre, dicen…Yo no creo.

Periodista/Semióloga y ahora Blogger Contando lo positivo de emigrar

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