Apostamos a Argentina

Apostamos a Argentina

Han pasado 365 días de aquel momento… Mientras militares y civiles desfilaban, para celebrar un año más de la Independencia de Venezuela, yo también marchaba junto a mi hijo, pero hacia la búsqueda de un mejor porvenir. En contraste con aquel acto, nuestro gran paso estaba impulsado por sentir que esa misma independencia nos fue arrebatada y la única vía era salir del país.

Tras 8 horas en el aire, pisamos tierras sureñas, el 6 de julio, donde una madrugada invernal nos dio la bienvenida, al tiempo que nos presentaba aquella estación que sólo conocíamos por referencia. Tres días después, (9 de julio) estaríamos celebrando la Independencia junto a Argentina, la misma que soñamos volver a celebrar en nuestro país algún día.

 

El viaje

Las carreras de última hora no faltaron. Aún así todo estuvo servido para que la transición se llevara a cabo sin mayores traumas; maletas organizadas, hora de llegada al aeropuerto, carpeta con pasaje y demás documentos, entre otros. Todo, por un futuro mejor para mi hijo.

Agotada- tras largas horas en la interminable fila para el chequeo- con un sabor agridulce llegué al mostrador de la aerolínea. En ese instante, un solo «papelito» volvió todo agrio, oscuro, escalofriante y confuso. El permiso de viaje otorgado por el padre de mi hijo , y que llegó a mis manos pocas horas antes de arribar al avión, no era tal.

¿Qué?… – Pregunté – , con ganas de no escuchar más nada, al tiempo que el operador me repetía, «esta hoja no es el permiso de viaje señora, es la autorización para que usted saque el permiso… Busque bien…»

¡Trágame tierra!… Quería ser sorda en ese instante. Desde ese momento empezaron los brincos por aquí y saltos por allá; corrí como la mejor atleta, por todos esos pasillos de la terminal aérea. ¿Será una señal de Dios para que no me vaya? -me preguntaba-. Mientras tanto, una voz del otro lado del celular me guiaba hasta Migración a buscar a «Pedrito de los Palotes», quien me ayudaría a resolver el problema, por instrucciones del responsable de mi angustia.

Ignorada la obra de Carlos Cruz-Diez

El inconveniente, pudo ser subsanado, pero rompió con lo que se ha convertido en un rito para los inmigrantes que salen del Aeropuerto Internacional de Maiquetia; fotografiarse en la obra de Carlos Cruz-Diez.

La «Cromointerferencia de color aditivo » https://iamvenezuela.com/2018/03/cromointerferencia-de-color-aditivo-la-obra-cruz-diez-aeropuerto-maiquetia/, no fue testigo de mi salida, o mejor dicho no selló ese momento. Algún registro fotográfico que quedó fue antes del percance, ya que mi hijo y yo fuimos apresurados a embarcar y apenas logramos levantar las manos en señal de despedida hacia aquel retrato que quedó grabado para siempre en mi mente; mi familia.

Pasamos el filtro de Migración, pero ello nos robó minutos de abrazos y calor de nuestros parientes. Aunque también creo que impidió que el llanto rompiera fácilmente.

En estos primeros 12 meses estoy como muchos migrantes en Argentina. A casi 5 mil kilómetros de donde dejaron todo, «guapeando». Todo sea por un mejor futuro para mi hijo, que en estos momentos no se lo garantiza en mi país. Pero, sin perder las esperanzas de volver a reencontrarme con los míos en una mejor Venezuela.

Periodista/Semióloga y ahora Blogger Contando lo positivo de emigrar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top